La adolescencia, la etapa más vulnerable, para los padres, escribe el Doctor Carlos Baquedano

Una de las etapas más difíciles para los padres en la crianza de los hijos es la adolescencia, momento de la vida en el cual el ser humano no es niño ni adulto, aún no se define su carácter, tratan de apropiarse de las ideas de otros en búsqueda de una identidad que les permita experimentarse pertenecidos a sus iguales, físicamente se tiene un crecimiento acelerado y un desarrollo intelectual más acentuado. Es decir, es una etapa de transición significativa, pues el adolescente sufre cambios en todos los aspectos de su persona. Es por ello que para los padres su labor se torna más complicada para realizar.

Dice un dicho popular que nadie es profeta en su tierra, y enfocados en el entorno de la familia, este dicho resulta muy ad hoc en los adolescentes, pues la gran mayoría deja de hacer caso a sus padres y da más valor a lo que dicen otros adultos, jóvenes o incluso adolescentes.

Es en este momento de vida en donde los conflictos inician, pues el adolescente busca el brillo de las cosas, el reconocimiento de los demás, influenciado por amigos, maestros y otros adultos y hace poco caso de las enseñanzas adquiridas en casa, tornándose rebelde, egoísta y egocéntrico.

El riesgo que existe, es que en la búsqueda de esa identidad, el adolescente abra puertas que lo conduzcan a caminos indeseados, los cuales por su misma inexperiencia puede transitar sin posibilidad de retorno. Ejemplo de ello son las drogas, las cuales los adolescentes utilizan al ser retados por sus mismos compañeros (pues un amigo no te incita a realizar actos que atenten contra tu vida). De igual forma, las drogas permitidas como el alcohol y el tabaco son fácilmente adquiridas por los adolescentes a pesar de que exista todo una reglamentación en nuestro país para la prohibición de la venta a menores de edad. Aunque no podemos generalizar, la gran mayoría de adolescentes están expuestos a este tipo de situaciones, las cuales se pueden reforzar cuando se vive en una situación de interrupción familiar (divorcio o separación de los padres), crisis paranormativas en el desarrollo de la familia como violencia intrafamiliar, drogadicción, desempleo, dificultades económicas, enfermedades graves en algún miembro de la familia que requiera cuidados especiales.

Los adolescentes que se resisten a probar sustancias al ser retados, pueden ser víctimas de bullying o exclusión por parte de sus compañeros, lo que lástima también la autoestima.

Los ejemplos en el hogar también son motivo de que el adolescente haga cosas incorrectas. Escuchaba en una conferencia una plática en la cual se decía: ¿Por qué existe una gran ingesta de alcohol en los jóvenes? Por la enseñanza adquirida en el hogar. Desde pequeños, los niños acompañan a sus padres a comprar bebidas embriagantes, de modo que este patrón de conducta es repetitivo cuando llegue el momento, pues así lo aprendieron. Lo mismo pasa con el tabaco y muchas veces con el uso de estupefacientes, al ver el uso de ello por parte de un familiar cercano, el adolescente asume que es algo normal consumirlo, aunque exista información en la escuela o en los medios de información en donde se promueve no usar drogas.

La mejor forma de educar y convivir con un adolescente está basada en tolerancia, respeto, disciplina, diálogo, congruencia de vida y apoyo. Cuando existen discusiones familiares, es muy difícil hacerles entender, pues defienden sus ideas de una forma férrea o aguerrida aunque muchas veces estén equivocados. Este tipo de situaciones genera entre los padres y los hijos adolescentes un distanciamiento que en muchas ocasiones puede ocasionar sentimientos de rencor.

La congruencia de vida es un punto vital en este proceso de educación. ¿Cómo le puedes pedir a tu hijo que sea honesto si tú no lo eres? En ocasiones, como adultos tenemos comportamientos aparentemente inocentes que los chicos observan como lo es el negarse a hablar con una persona por teléfono diciendo que no se está en casa, no respetar los señalamientos de vialidad y tránsito, hablando mal de otras personas, criticando, burlándose. Todo este comportamiento es adquirido por los hijos desde la niñez como una esponja, así que cuando se llega a la edad de la adolescencia (o incluso a la edad adulta) les es muy fácil mentir, transgredir las reglas o incluso la ley. Así lo aprendieron en casa y será un patrón de conducta repetitivo.

Pero no te angusties si al analizar lo que lees te das cuenta que se asemeja mucho a tu estilo de vida. El platicar con los hijos, el disculparse y recomponer los hábitos de vida, son circunstancias que favorecen para que los muchachos salgan adelante y a la larga se conviertan en adultos de bien.

Hay que tener paciencia y reforzar de forma positiva todos los días con los adolescentes sobre su educación y orientación. Corregir cuidadosamente los errores de ellos y resaltar lo que hacen bien. Disfrutar sus logros, compartir sus momentos, convivir, atreverse a preguntarles confidencias y en ocasiones a ser sus cómplices.

Es importante hacerle saber a los hijos el esfuerzo que se hace para conseguir lo necesario para su alimentación, vestimenta y educación. No como una forma de reproche, sino para que aprendan a dar el justo valor a las cosas. De igual manera, el explicar que las medidas correctivas se aplican no porque se esté en su contra sino porque se les ama y se quiere lo mejor para ellos, es otro de los aspectos que no se debe pasar por alto platicar.

Respetar su privacidad pero sin dejar de mirar sus pasos es sumamente importante. El vigilar a sus amistades, sus actividades, sus salidas no es falta de confianza en ellos, es una responsabilidad que los padres deben asumir. De igual manera el ser parte de sus redes sociales es una estrategia que genera confianza mutua. No se trata de dar like a todos sus fotos o comentarios, sino de observarlos de una forma discreta que no les cause pena delante de sus amigos. Es como mirarlos jugar desde una ventana, al pendiente de su integridad física.

En síntesis, la adolescencia es la etapa en la cual el individuo se vuelve más vulnerable, de tal forma que los padres y adultos encargados de su educación deben estar más atentos, pacientes y sobre todo congruentes en su forma de hablar y vivir.

http://www.cbaquedano.com.mx/editoriales.php?p=1147
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