
En fechas recientes, el mundo ha experimentado temperaturas inusualmente bajas. Mientras que para algunos esto representa un motivo de diversión, para otros se traduce en una verdadera tragedia. No obstante, más allá de las implicaciones socioeconómicas, el frío, conocido popularmente como “heladez” en la Península de Yucatán, también provoca diversas afectaciones en nuestro cuerpo.
El ser humano es un organismo homeotermo, lo que significa que necesitamos mantener una temperatura interna constante para que nuestras células y procesos metabólicos funcionen correctamente. Esta temperatura ideal oscila entre los 36.5°C y los 37.5°C. Cuando el entorno nos somete a temperaturas bajas extremas, el cuerpo inicia una batalla fisiológica dramática para preservar el calor en los órganos vitales, sacrificando a menudo las extremidades y funciones periféricas en el proceso.
La Respuesta Inicial y la Hipotermia
Cuando la temperatura corporal desciende, el hipotálamo (el termostato del cerebro) activa mecanismos de defensa inmediatos. El primero es la vasoconstricción periférica: los vasos sanguíneos de la piel, manos y pies se estrechan para redirigir la sangre caliente hacia el «núcleo» (corazón, pulmones y cerebro). El segundo mecanismo son los escalofríos (tiritona), contracciones musculares involuntarias diseñadas para generar calor mediante fricción interna.
Sin embargo, si la exposición continúa y los mecanismos de compensación fallan, se presenta la hipotermia. Esta condición clínica se define cuando la temperatura corporal central desciende por debajo de los 35°C. A partir de este punto, el frío deja de ser una sensación incómoda para convertirse en una amenaza sistémica que altera el funcionamiento de todos los órganos.
El frío no afecta al cuerpo de manera uniforme; ataca sistema por sistema, reduciendo la actividad metabólica y la capacidad de respuesta.
Sistema Nervioso Central (El primero en fallar)
El cerebro es extremadamente sensible a la temperatura. A medida que esta baja, la actividad enzimática cerebral se ralentiza.
Síntomas: Inicialmente hay confusión, pérdida de coordinación motora (ataxia) y dificultad para hablar.
Fase Crítica: Si la temperatura baja de los 32°C, aparece la apatía y el letargo. El frío actúa como un anestésico progresivo; la persona deja de sentir frío y dolor, entrando en un estado de somnolencia que precede al coma.
Sistema Cardiovascular
El corazón sufre un estrés inmenso. Al principio, la frecuencia cardíaca aumenta (taquicardia) para bombear sangre, pero con la hipotermia severa, ocurre lo contrario:
Bradicardia: El corazón late cada vez más lento.
Arritmias: El músculo cardíaco se vuelve irritable y propenso a la fibrilación ventricular (un ritmo caótico y mortal).
Colapso: La sangre se vuelve más viscosa (espesa) debido al frío, lo que obliga al corazón a trabajar más duro, aumentando el riesgo de paro cardíaco.
Sistema Respiratorio
El frío deprime el centro respiratorio en el cerebro.
La respiración se vuelve lenta y superficial (bradipnea).
Los mecanismos de defensa pulmonar, como los cilios que limpian el moco, se paralizan, aumentando el riesgo de infecciones posteriores.
En casos severos, puede ocurrir edema pulmonar (líquido en los pulmones).
Sistema Digestivo y Renal
Dado que el cuerpo prioriza el cerebro y el corazón, el flujo sanguíneo al sistema digestivo se corta casi por completo pudiendo provocarse:
Íleo paralítico: El movimiento de los intestinos se detiene, lo que impide la digestión.
Diuresis por frío: Curiosamente, el frío provoca ganas de orinar. Al contraerse los vasos sanguíneos periféricos, aumenta la presión arterial central; los riñones interpretan esto como un exceso de líquido y filtran más orina, lo que irónicamente acelera la deshidratación.
Enfermedades y Lesiones Específicas
Más allá del fallo sistémico, el frío causa daños localizados en los tejidos:
Congelación (Frostbite): Ocurre cuando se forman cristales de hielo dentro de las células, rompiendo las membranas celulares. Afecta nariz, orejas, dedos de manos y pies. Puede llevar a la necrosis (muerte del tejido) y amputación.
Pie de Trinchera (Pie de inmersión): Causado por la exposición prolongada a frío húmedo (no necesariamente congelante). Daña los nervios y vasos sanguíneos, causando dolor crónico.
Sabañones (Eritema pernio): Inflamación dolorosa de pequeños vasos sanguíneos en la piel en respuesta al calentamiento súbito después de la exposición al frío.
Complicaciones y Cuidados Correctos
La complicación más grave es la muerte por fibrilación ventricular (paro cardíaco) al intentar mover a la víctima bruscamente o recalentarla incorrectamente.
Cuidados Correctos y Protocolo de Actuación
El tratamiento de una víctima de frío extremo requiere delicadeza:
Evitar la pérdida de calor: Retirar a la persona del ambiente frío y quitarle la ropa húmeda inmediatamente.
Recalentamiento Pasivo y Gradual: Cubrir con mantas secas y calientes. Es crucial calentar el tronco (tórax y abdomen) primero.
Advertencia: Si se calientan primero las manos y los pies, la sangre fría y ácida estancada en las extremidades volverá al corazón, causando el «choque de recalentamiento» o un paro cardíaco.
No frotar: Nunca se debe frotar la piel congelada, ya que los cristales de hielo internos actuarán como cuchillas, destruyendo los tejidos.
Hidratación: Si la persona está consciente y puede tragar, ofrecer bebidas tibias y dulces (para reponer glucosa). Nunca dar alcohol, ya que dilata los vasos sanguíneos y acelera la pérdida de calor.
Conclusión
El frío es un enemigo silencioso que desmantela las funciones vitales del cuerpo humano de manera jerárquica, apagando primero lo prescindible y finalmente lo vital. Comprender que la hipotermia no es solo «tener frío», sino una emergencia médica que afecta la mente, el corazón y el metabolismo, es vital para brindar los cuidados adecuados y evitar daños irreversibles.
Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar
Cancún, Quintana Roo, México. 01 de Febrero del 2026