Aprender del Covid-19: escribe el Doctor Baquedano

Cancún, Q. Roo, México. Noviembre del 2020.- En este difícil 2020, la pandemia del Covid-19 nos ha enseñado lo frágil, incierta y efímera que es nuestra vida. A lo largo del año hemos sufrido la pérdida de familiares, amigos, compañeros de trabajo, conocidos y de mucha gente que ha fallecido, sin importar edad, género, condición social e incluso estado de salud previo.

Cada día experimento la inquietud de enterarme en cualquier momento, del fallecimiento de algún conocido. La tristeza, la pena y la aflicción ante tanto sufrimiento por la enfermedad o la muerte, nos acompañan en el diario vivir.

Sin embargo, este año no sólo debe dejar en nosotros el dolor o duelo por estos acontecimientos tan lamentables. Lo que ahora vivimos, por muy adversa que sea la situación, también permite obtener aprendizajes en diferentes aspectos de nuestra vida.

Con dolor nacemos y con dolor morimos. El dolor está presente en el organismo como una forma de alerta, como un medio de aprendizaje y no únicamente como una respuesta fisiológica de sufrimiento. De tal manera que, siendo analíticos y objetivos, el dolor puede ser un recurso de mucha utilidad que aporte más beneficios que perjuicios a nuestra existencia.

El aprendizaje del dolor al que hago mención está enfocado en tres afectos fundamentales de nuestra vida: biológico, psicológico y social.

Biológico:

Después de casi ya un año de coexistir con el Covid-19, poco a poco hemos aprendido los factores de riesgo para su contagio, complicación y la consecuencia de esto.

Nos ha hecho concientizar en algo que se nos olvida muy fácilmente, como lo es la necesidad de que tener una alimentación sana acompañada de ejercicio para evitar la obesidad, pues dicha condición de salud es una de las principales comorbilidades que complican la evolución del Covid-19, lo cual adquiere especial relevancia ya que se convierte en un factor de mayor riesgo para personas que padecen enfermedades crónico-degenerativas.

Lo mismo sucede con las adicciones como el tabaco, alcohol, drogas y consumo excesivo de carbohidratos, que son factores de riesgo para la salud, pero que hacen a las personas más vulnerables al coronavirus.

Aprendimos también, que la salud es un tesoro que debemos cuidar como tal, y por ello es preciso incrementar las medidas de higiene personal y pública, tener hábitos preventivos como el lavado de manos, el uso de cubrebocas y realizarse las detecciones de salud acordes a la edad y género, mismas que refiero en mi artículo DETECCIÓN ES PREVENCIÓN, el cual les invito a leer para saber cuáles son y en qué momento realizarlas.

Así mismo, debemos recordar la necesidad de mantener vigente nuestro esquema de vacunación, hacer a un lado la falsa teoría de que las vacunas son un invento de los gobiernos para mantenernos controlados, esterilizarnos o disminuir el número de habitantes del mundo, teorías sin fundamento, que sólo confunden a las personas y les orilla a tomar decisiones erróneas.

De igual manera, la triste realidad nos ha permitido reafirmar que las medicinas, sustancias o productos milagro, son sólo eso, productos que milagrosamente incrementan las ganancias de quienes comercializan con ellos ante la desesperación de la gente por encontrar la panacea idónea o efectiva para combatir el Covid-19 o alguna otra enfermedad mortal o incurable, pero que médicamente no tienen un efecto benéfico tangible.

Psicológico:

Como mencioné inicialmente, el dolor y las pérdidas han ido de la mano ante el avance de esta pandemia.

La pérdida de la salud, el trabajo, la libertad, la micro y macroeconomía, la vida misma, son situaciones que causan duelo en las personas, mismo que muchas veces no es fácil de superar y que nos lleva a estados de ansiedad en diferentes grados.

Cabe destacar que no toda la gente tiene la capacidad de luchar ante la adversidad, de poder ser resiliente para enfrentar los problemas que vienen como consecuencia de esta crisis de salud.

Decir, ¡échale ganas! ¡tú puedes! ¡no pasa nada!, algunas veces resulta poco favorable en vez de alentador ante una experiencia traumática que puede generar ansiedad. Por el contrario, entender la ansiedad de quienes nos rodean, ofrecer un abrazo, el estar ahí, puede ser mejor apoyo para dar.

Con el Covid-19, hemos aprendido el valor de decir te amo, te quiero, te necesito de una forma frecuente y directa, pues cuanta falta hace todo esto a las personas que están aisladas en un hospital luchando por su vida o a los familiares que con incertidumbre esperan en las afueras de los hospitales, con la angustia de recibir noticias a cuenta gotas, o con el temor de ver ingresar a sus enfermos y no saber si será el última vez que los vean físicamente.

Con esta pandemia, debemos entender el valor de un abrazo, de un beso, de una demostración afectiva, de la presencia de todos los integrantes de nuestra familia alrededor de una mesa, de esa unión familiar, de no ser cohabitantes de la misma casa los cuales se comportan como extraños, que, sumidos en un egoísta comportamiento, no hablamos de nuestros sentimientos, necesidades, intereses o nos preocupamos por saber que piensan o sienten los demás.

Estar físicamente bajo el mismo techo, pero con el celular en la mano absortos en las redes sociales, es la mejor manera de desperdiciar un tiempo valioso de efímera coexistencia.

Social:

El ser habitantes de este mundo nos otorga derechos, pero también obligaciones.

No se vale decir, ¡no pasa nada! ¡es mi salud, yo decido si me cuido o no! Y no es válido, porque al enfermarme por no cuidarme, expongo a las personas que están a mi alrededor y que están haciendo todo lo necesario por cuidarse.

No es válido, porque al enfermarte, aumentas la carga laboral para todo ese personal de salud que día con día lucha por combatir esta enfermedad, poniendo incluso, en riesgo su salud y el de sus familias. Porque tu descuido colapsa los sistemas de salud y pone en peligro de muerte a otras personas por sobredemanda de los servicios y saturación de los hospitales, con la imposibilidad de otorgar a todos los cuidados necesarios o incluso, el uso de un respirador que permita salvar la vida.

No es válido, porque al ser irresponsable en el cuidado de tu salud, no permite reactivar la economía, abrir nuevamente centros laborales, recobrar nuestra vida anterior con reuniones sociales, religiosas o escolares.

Todos somos responsables de la salud de los demás, de nuestra ciudad y del mundo. La salud es responsabilidad de todos.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

foto de archivo usada para ilustrar
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