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El placer de comer, escribe el Dr. Carlos Baquedano

La comida es una necesidad básica del ser humano. No se puede subsistir mucho tiempo sin comer; sin embargo, hay personas que no comen para vivir, sino que viven para comer y además, comer mal y en exceso. Esta es la combinación ideal para padecer patologías como la obesidad y otras enfermedades crónico-degenerativas derivadas de esta misma.

Uno de los motivos que mis pacientes me han expresado para no acudir a consulta de chequeo rutinario e incluso cuando tienen algún malestar, es el clásico cuestionamiento: ¿para qué voy con el doctor si me va a decir que deje de comer lo que me gusta? ¿Te recuerda algo esto?

Una realidad que no podemos negar es que sin darnos cuenta nuestros hábitos alimenticios se convierten en uno de los principales factores de riesgo para enfermarse, cuando comemos y bebemos lo que nos gusta sin ponernos límites. Al paso del tiempo ya somos adictos al azúcar, a las grasas, carbohidratos y a varios tipos de alimentos que consumidos en exceso pierden su cualidad nutritiva volviéndose nocivos para la salud.

Siendo niños, adolescentes o adultos jóvenes, las actividades físicas y el metabolismo acelerado permiten comer mal y en exceso sin aparentemente causar algún daño. Sin embargo, poco a poco, en forma silente, estos malos hábitos alimenticios van generando cambios patológicos en nuestro cuerpo.

Por consiguiente, es importante resaltar que la conducta en la alimentación es un aprendizaje adquirido en el seno familiar.

Recuerdo que cuando niños, mi abuelita nos decía: coman tortilla para que se llenen bien, pues al rato tendrán hambre y volverán a comer. Así mismo, era común que el plato fuerte en nuestro menú familiar fuera invariablemente acompañado de frijoles y arroz en cantidad abundante. Imagínense: tortilla, arroz, frijoles en un solo platillo, grandes cantidades de carbohidratos que poco a poco iban acumulando kilos a nuestra niñez.

Y es que a mis padres y abuelos no les enseñaron lo suficiente de la cultura de la alimentación balanceada que hace referencia al plato del buen comer. Fue hasta que se enfermaron de problemas cardíacos que su alimentación fue cambiando, pero lo curioso es que sólo cambió la alimentación de los enfermos, pues el resto de la familia siguió comiendo como estaba acostumbrada, sin tener en cuenta que genéticamente tendríamos la misma predisposición de padecer las enfermedades diagnosticadas.

Es así que el comer sano es todo un proceso de educación que debe iniciar desde los primeros años de vida. En el trabajo me he encontrado con pacientes que juran y perjuran que comen sano pero la báscula dice lo contrario a la hora de la consulta. ¿Qué sucede? ¿A caso los pacientes mienten al grado que ellos mismo se creen esa mentira? No necesariamente. La explicación está en que muchas veces efectivamente si están comiendo sano, verduras, frutas, leguminosas, pocas cantidades de proteína y grasa animal. El fallo está en la cantidad de alimento que se consume, pues aunque los productos de la dieta diaria sean los adecuados, si se ingieren en cantidades elevadas sobrepasan el porcentaje de calorías que nuestro organismo requiere, lo cual nos hace subir de peso.

Un ejemplo que uso con respecto a lo anterior es el de las vacas, cuya alimentación consiste únicamente de pasto. O acaso, ¿estos animales comen tacos, pizzas, hamburguesas u otro alimento que las engorde? Sabemos que no. Las vacas sólo comen pasto o forraje, pero las grandes cantidades que consumen hacen que sean animales con mucho peso. Mismo ejemplo se puede aplicar a los gorilas que únicamente comen plantas y frutas, pero la cantidad de su consumo es alta, situación que les permite ganar peso.

Además de la cantidad de alimento, también interviene en la ganancia de peso las veces que se come en el día. Algunas personas sólo hacen dos alimentos al día o por querer bajar de peso dejan de cenar como una estrategia para conseguirlo. El ayuno prolongado condiciona que nuestro metabolismo se torne lento como un mecanismo de subsistencia, a fin de preservar energía. Por tal motivo, no comer en tiempo y horario es inadecuado.

De hecho, lo ideal es comer cinco veces al día para mantener el metabolismo acelerado y así conservar o incluso disminuir el peso. Se recomienda desayuno, colación a media mañana, comida, colación a media tarde y cena. Se puede aplicar el plan alimenticio monárquico como estrategia: desayunar como rey, comer como príncipe y cenar como mendigo.

Algunas personas muestran ciertos signos que reflejan sus malos hábitos alimenticios, como el estar obesos y tener oscurecida la piel del cuello, axilas y región inguinal (Acantosis Nigricans), pero no consideran como un problema de salud esta condición física y así viven por mucho tiempo hasta que su cuerpo resentido por los excesos les pasa la factura al presentar un problema en su funcionamiento que los obliga a prestarle atención porque las molestias son mayores, al grado tal de impedirles continuar con sus actividades cotidianas.

Entonces acuden al médico para estar bien, pensando que al solucionarse esa situación agraviante que presentan, su vida puede seguir como antes, sin pensar que el origen de ello ha sido mantener por muchos años, una conducta alimenticia desfavorable, o sea, malos hábitos alimenticios.

Cuando ya se confirma la enfermedad y las causas que la ocasionaron, empieza el drama y viene la angustiante pregunta: ¿y ahora, que voy a comer? Cuestionamiento que es válido ante el cambio de alimentación que puede ser radical para los pacientes. Sin embargo, las exigencias en la alimentación que se indican como condición necesaria para afrontar una enfermedad, no deben percibirse como un castigo o consecuencia de decisiones inadecuadas. Sino por lo contrario, son una herramienta sumamente importante que junto con el tratamiento clínico permiten que la salud se restablezca satisfactoriamente. Más aún, puede ser que el plan alimenticio acorde a las condiciones físicas del paciente sea la terapéutica única en el control de la patología.

El plato del bien comer es una excelente guía que facilita poder llevar una dieta sana, balanceada y nutritiva. Este consiste en consumir en una comida los tres grupos de alimentos que aportan al organismo los nutrientes necesarios para conservar la salud: una porción de verduras y frutas, otra de cereales y leguminosas, y una tercera de alimentos de origen animal.

Te comparto una página del INSTITUTO MEXICANO DEL SEGURO SOCIAL en donde encontrarás información sobre el plato del buen comer: PLATO DEL BIEN COMER

Comer es un placer, un deleite y para muchas personas puede ser un privilegio. Por consiguiente, para que no pierda esta esencia debemos ser responsables al satisfacer esta necesidad y darnos el gusto de poder comer lo que nos agrada sin dañar la salud.

Escuché de mi padre lo siguiente: se puede comer de todo, pero no en exceso. Como bien dice la frase tan popular, nada con exceso, todo con medida. Y aunado a la cantidad en la ingesta de un alimento va su calidad, en cuanto a que si dicho producto favorece la vida o la disminuye.

Procura que lo que comas te de vida, no te la quite. Así que si tienes problemas con tus hábitos alimenticios, con la báscula o con tu condición física, no te quedes cruzado de brazos y acude a un profesional que pueda ayudarte.

Recuerda no automedicarte ni jugar al médico, eso puede ser dañino para tu salud. Deja tu salud al cuidado de los profesionales.